La humildad es indiscutiblemente uno de los valores más importantes, pero ¿Cómo sabes si la estás aplicando correctamente?

Un ejemplo es la anécdota de Maria Callas cuando iba a cantar en un festival de 1958:

Se trataba del Festival de Dos Mundos en Spoleto, Italia. Callas le decía al organizador, Gian Carlo Menotti, que se estaba ahorrando un buen dinero al contratarla.

“Si te pones a gastar en un decorado muy vistoso, la audiencia podría distraerse y no prestarme atención”.

Según Callas, tampoco sería conveniente contratar a un tenor muy costoso, pues total… la gente venía a escucharla a ella. ¿Para qué ponerse a gastar?

Quizá Menotti trató de hacer conversación para disimular. “Por cierto, he contratado a Luchino Visconti como director”

Para que tengas una idea, Visconti director de teatro, ópera y cine. El año anterior había ganado un León de Plata en Venecia.

“Maravilloso”, dijo la cantante. Pero después de pensarlo unos segundos, añadió:

“…sin embargo, si algo le falta a Visconti, es humildad”

A quien llamaban “La Divina” tuvo varias anécdotas así.

Como la vez que escuchó cantar a su rival Renata Tebaldi, y dijo: “Qué voz tan dulce… pero bueno, ¿A quién le importa?”

Lo que no se puede negar es que estaba absolutamente segura de dar la talla en cada presentación.

Quizá no compartas su actitud, pero lo cierto es que la humildad tiene un rincón bastante peligroso:

El síndrome del impostor, o la creencia irracional de que no eres lo suficientemente bueno.

Sin importar tu experiencia, te sientes inseguro y cualquier crítica te desajusta.

No me extrañaría que Callas sufriera de eso. El mismo Pavarotti lo confesó más de una vez, así como el miedo a despertar cualquier día sin voz.

Yo me pregunto: si todos somos “únicos” y “tenemos potencial”, ¿No deberíamos divulgarlo para que los demás se enteren?

Considéralo.

En el otro extremo está la soberbia, que puede meterte en muchos problemas.

Pero absolutamente todas las personas que lograron grandes cosas, creyeron que eran los únicos que podrían hacerlo.

¿Podría Gandhi haber hecho todo lo que hizo si no hubiese pensado así?

Dicen que no solo hay que ser, sino parecer.

Pero también hace falta creer. Y parte de creer es decirlo. Cuando te pregunten: “¿Eres tú la persona idónea para hacer esto?”

Que no te tiemble el labio al decirlo. Eres tú y nadie más. Necesitamos de ti.

No hay espacio para dudas.

Faltan pocos días para cumplir 10 años desarrollando El Código Knesix… pero aún no alcanzo a cumplir mi visión a cabalidad.

¿Cuánto tiempo más? no lo sé.

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Te espero en el Campus Virtual,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.