Generalmente mencionan al talento, la constancia y hasta una pizca de suerte para poder comprarnos la casa en la playa.

Pero si conoces a Marie-Antoine Carême, sabes que un ingrediente secreto le gana a todos los demás:

A “Antonin” Carême no le faltaron dificultades en su vida. Con once años y en plena revolución francesa, sus padres lo abandonaron.

(¡Y yo a esa edad quejándome porque no tenía un Nintendo!)

Al menos logró que lo aceptaran limpiando en una panadería a cambio de cama y comida.

A los catorce logró ser aceptado como aprendiz del pâtissier Sylvain Bailly, quien en pocas semanas se dio cuenta de la habilidad y ambición del muchacho.

De hecho, abrió y se hizo cargo de su propia pâtisserie… antes de los 18 años.

La ‘arquitectura’ lo hizo famoso.

Tanto la pâtisserie de su mentor como la suya, llamaban la atención por las construcciones de casi un metro hechas a base de bizcocho y mazapán.

Carême incluso estudió arquitectura por su cuenta en la Bibliothèque Nationale para mejorar continuamente sus estructuras.

Pero fue Maurice de Talleyrand, para quien Carême trabajaba freelance, quien le impuso la prueba máxima.

Diseñar UN AÑO COMPLETO de menús, distintos todos los días, para un Château usado como enclave diplomático por Napoleón.

(Inserta aquí un montaje a lo Rocky, pero cocinando)

Sí, el talento de Carême era innegable. Además, tuvo que superar dificultades que nos cuesta imaginar.

Tuvo la oportunidad de trabajar para excelentes mentores.

Pero ¿Por qué hoy se le considera el primer Chef francés, padre de la Grande Cuisine?

Por su obsesión.

Antonine trabajó más que nadie. No es que llegaba primero que los demás y se iba de último; era literalmente vivir para el arte culinario.

Ninguna otra cosa le pasaba por la cabeza. No necesitaba talleres de motivación ni ‘mindfulness’ ni terapia.

(Después de todo, no existían)

Yo mismo a veces abuso de las palabras ‘éxito y fracaso’.

Que si uno no existe sin el otro, que si ninguno es permanente… ya me has leído.

Pero con una obsesión, ambos términos pierden todo significado. No son fracasos, sino contratiempos. No son éxitos sino satisfacciones.

Una gran ventaja que tenemos en esta época es que podemos aprovechar de la obsesión de otros para hacernos la vida más fácil.

Por ejemplo, un médico que se obsesione con perfeccionar una técnica quirúrgica.

Cuando enfocas toda tu energía así, en vez de agotarla la multiplicas.

Conoces bien mi obsesión: descifrar el comportamiento humano.

¿Por qué no aprovecharte de todas las técnicas que he desarrollado y ser parte de mi red de coaches?

Cientos de personas están esperando que las asesores online; el primer paso, lo das aquí:

https://knesix.com/diplomado/

Te espero en el Campus Virtual,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.