Nuestra vida es una oscilación constante, y la forma como afrontamos cada uno de esos acontecimientos es clave para superarlos.

Como la vez que Carol Burnett se quedó, literalmente, atorada en un taxi:

Burnett se dirigía en taxi a grabar su show en los estudios de CBS.

Al bajarse del vehículo y cerrar la puerta, su abrigo se quedó atorado; el conductor no se dio cuenta y comenzó a avanzar.

(Afortunadamente, o iba muy lentamente, o Burnett también era buena corredora)

Casi de inmediato, un peatón que se había dado cuenta de lo que ocurría, le hizo señas al taxista y éste se detuvo.

Burnett abrió la puerta, liberando el abrigo mientras el chofer se bajaba para asegurarse de que estaba bien.

— ¡Disculpe, Sra. Burnett! ¿Está usted bien?

La comediante intentaba reponerse del susto, y mientras recuperaba el aliento, le respondió:

— Sí, estoy bien… pero ahora, ¿Cuánto más le debo, señor?

(Quizá hoy Burnett ya ha adoptado el lema “Siempre comediante, nunca incomediante”)

Lo demostró bien en esa oportunidad.

Cuando te digo “Tomarte las cosas con humor”, no necesariamente me refiero a hacer un chiste de todo.

De hecho, considero que el trabajo de un comediante es extraordinariamente difícil, porque tiene que combinar fuertes dosis de creatividad con un gran sentido de la oportunidad.

Otra forma (¡Incorrecta!) de interpretar esta sugerencia es que le restes importancia a los problemas.

Una gran cantidad de conflictos no van a disolverse por sí solos, por mucho humor que les apliques.

El humor en realidad es para ti; para tu actitud y cómo los afrontas.

Pocas tragedias han tenido la envergadura del Holocausto en la Segunda Guerra Mundial.

Y sin embargo, directores como Roberto Benigni (La vida es Bella), Mel Brooks (Los Productores) o Taika Waititi (JoJo Rabbit) se han encargado de representar esos sucesos con un toque de humor.

(Claro, ellos son maestros de la narrativa.)

Dejando a un lado sucesos extremos, toma como referencia tus problemas cotidianos.

Aplicar un toque de humor no los resuelve, eso ya lo sabes; pero te sintoniza en la actitud correcta para resolverlos.

Así mantienes tu espíritu en alto e incluso te permite pensar con claridad.

Una recomendación clásica es ‘ponerse en los zapatos del otro”.

A veces es muy difícil porque en realidad nunca podríamos saber qué es lo que realmente está viviendo la otra persona.

Pero hay una herramienta en PNL que te permite apreciar la escena como un tercero.

Esa herramienta está incluida en el módulo 6 del Código Knesix™: mi método para que adquieras la habilidad de descifrar el comportamiento humano.

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Te espero en el campus virtual,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal