La seducción puede llegar a frustrar mucho si la consideras como un proceso directo o transparente.

Es un error frecuente, como el cometido por el Duque de Westminster cuando le propuso matrimonio a Coco Chanel:

A finales de 1923, Chanel y el Duque se conocieron durante una Cena en Monte Carlo.

Ella ya tenía notoriedad mundial y él era algo así como el Bill Gates de la época.

Algunos meses después, comenzaron un romance que duró varios años. Ella pasó varios veranos en Escocia con él.

El Duque era un hombre altísimo, apuesto y con una línea de crédito que hacía palidecer al ecuador.

…así que supuso que podría, simplemente, pedirle matrimonio así nada más.

Chanel respondió:

“Cualquiera puede ser duquesa casándose contigo… pero solo habrá una Chanel”

En realidad Chanel tuvo muchos amoríos, y nunca se casó.

Por cierto, en uno de esos veranos, Churchill visitó la propiedad del Duque y se quedó atónito con la habilidad de Chanel para pescar.

(¡Así que ya sabemos que no solo era diestra pescando hombres, sino también salmones!)

He escrito en otras ocasiones que Chanel tenía una particularidad: se aburría rápidamente de casi todo.

Por su parte, un hombre con tal poder como el Duque no habría tenido mucha dificultad en cautivar a la mayoría de las mujeres.

Pero claro, quería a la indómita diseñadora.

Chanel tenía ese ‘no se qué’ especial, que en realidad era evidente: no era igual a las demás mujeres.

Ese magnetismo – que aplica no solo a la seducción, sino a la persuasión en general – es cualquier cosa menos ‘directo’.

Es como un encantamiento sutil que atrae por misterio.

El Duque quiso imponer su estatus y salió perdiendo: Chanel perdió todo el interés en él.

Moraleja: Quien logra ser más interesante, magnético e incluso con un halo de misterio, logra seducir mejor.

Ser directo tiene sus ventajas; pero ser indirecto tiene muchas más.

No recuerdo la fuente, pero la mejor recomendación de cómo seducir se resume en una frase:

“Conviértete en la persona de la que te enamorarías tú misma.”

Al convertirte en esa persona interesante… comenzarás a atraer a los pretendientes ‘correctos’, y ahuyentarás a los otros.

Lo peor que puedes hacer es querer cumplir con arquetipos o expectativas impuestas por los demás.

Así solo lograrás entrar en una carrera que nunca podrás ganar, porque te alejas cada vez más de lo que es relevante para ti.

Seducir es una mezcla de amor propio y persuasión.

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Jesús Enrique Rosas

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