Jack no entendía lo que le decía el hombre de al lado.

— ¿Qué?

— Sí, mira. Está clarísimo. Mírales las caras.

Se encontraban uno al lado del otro, en pleno vuelo. El tipo le señalaba la cartilla de instrucciones en caso de emergencia; los pequeños dibujos de personas estaban todos sonrientes.

— Para eso te ponen el oxígeno en caso de una descompresión… el oxígeno te ‘serena’, y así puedes aceptar tu destino en paz.

Jack apenas pudo torcer la boca y asentir mientras trataba de entender por qué aquel pintoresco personaje le decía tal… ¿Disparate?

Esta escena de la película “Fight Club” me recordó precisamente aquella recomendación que hacen en caso de una descompresión repentina de la cabina.

“Primero, póngase usted la mascarilla de oxígeno, y luego asista a los demás”.

Haciendo un par de búsquedas en Google encontré algunos datos acerca de la hipoxia (o la moridera que te comienza a dar en la ausencia de oxígeno) y aunque el tiempo que pasa antes de que pierdes la consciencia varía mucho según las condiciones, podemos fijar un buen promedio en unos 30 segundos.

Pueden ser menos o pueden ser más, y hay que tomar en consideración el disparo de la frecuencia cardíaca en ese momento, lo que debe acortar ese tiempo al menos a la mitad.

Así que si en esas condiciones (y tomando en cuenta que la mayoría de nosotros jamás ha manipulado una mascarilla de esas) nos ponemos a asistir a otra persona en vez de seguir las p*tas instrucciones que tan pacientemente nos dan al comienzo del viaje, quizá no lo contemos.

En realidad no quiero ser fatalista ni pesimista, aunque lo parezca.

Lo que quiero es hacer énfasis en “Ayudarte a ti mismo primero, y luego a los demás”.

Se habla mucho de que “Trates a los demás como quisieras que los demás te tratasen a ti”.

Pero, ¿Te has puesto a pensar que deberías tratarte a ti mismo como quieres que los demás te traten?

Sí, la frase es un poco enredada.

Cambiemos el verbo.

“Quererte a ti mismo como quieres que los demás te quieran”. Mira, es casi como una fórmula matemática despejada y reemplazando la variable.

Y en este caso, el orden de los factores es crítico.

Primero: Quererte, ayudarte, asistirte, considerarte. No sé, agrega un par de verbos más.

Luego piensas en los demás.

Como la mascarilla de oxígeno.

El problema es cuando chocas con ciertos prejuicios y creencias sobre ponerte a ti mismo antes que a los otros.

¿No suena eso a egoísmo?

En realidad es sentido común.

Es más fácil ayudar a alguien a salir de un río si estás tú aferrado a una rama. Si te tiras al río… no haces nada y más bien complicas la cosa.

Vayamos un poco más allá.

Pasemos de ‘ayudar’ a ‘superarnos’.

“Si tú quieres que los demás mejoren, comienza por mejorarte a ti mismo”.

En otras palabras, a cada uno de nosotros nos toca dar el ejemplo.

Es cierto que cuando das un paso al frente, vas a escuchar a muchos criticarte.

Pero hay otros, silenciosos y de los que quizá nunca sepas su existencia, que van a tomarte como ejemplo.

(Así como tú te sientes inspirado por personas que no están al tanto de que tu existes.)

¿Sabes? no importa.

Siempre y cuando comiences por lo más importante:

Tú.

Te habrás cruzado más de una vez con este tip de finanzas personales:

“Págate a ti mismo primero”.

¿Lo ves? el patrón siempre ha estado allí.

Una última clave, “torcida” para reforzar este punto, y quizá la que más duele:

“Antes de ver las virtudes de los demás, mira las tuyas”.

Esta última frase se merece un libro entero.

En esta época tenemos una ventana directa a los éxitos, logros, títulos, viajes y sonrisas de los demás.

Terminar comparando nuestra propia vida a la de ellos, es facilísimo.

Y realmente frustrante.

Pero, todos tenemos… una especie de combinación de habilidades que nos permite marcar ventaja con respecto a los demás.

No vas a conseguir la combinación a menos que la busques.

¿Sabes? hay quienes consiguen esa combinación… y deciden no usarla.

Porque sienten que facilitaría demasiado las cosas.

Porque sienten que sería como hacer trampa.

El problema es que esa actitud nos termina perjudicando a todos.

Lo justo es que todos explotemos nuestra mezcla.

Lo justo es que todos nos inspiremos los unos a los otros.

Pero para eso, tenemos que mirar adentro.

Y experimentar. Una y otra vez.

(¡Cómo jode, eso!)

Ah, casi se me olvida:

Cuando estés en un vuelo y un tipo a tu lado comience a hablarte incoherencias, tampoco te asustes.

Fíjate en su lenguaje corporal. Quizá así puedas… ‘leer entre líneas’.

Recuerda: hazlo por ti, primero.

Mucho éxito,

Jesús Enrique Rosas
Puedo escribir una gran historia cuando leo tu lenguaje corporal