En otras ocasiones te he mencionado que hace algunos años tenía cierta afición por los videojuegos.

En realidad, te mentí.

Fue mucho más que una afición; sufrí de adicción a los videojuegos por muchos años.

No fue nada agradable, y fue una etapa de mi vida bastante difícil a nivel emocional. Salir de esa espiral descendiente me costo más de lo que podría concentrar en estas líneas, pero el caso es que lo superé.

De hecho, desde hace un par de años tengo en perpetuo borrador un libro titulado “30 Lecciones que aprendí de los videojuegos”, pues no todo fue tan malo y sí, hubo muchas lecciones aprendidas.

(Y gracias a un videojuego descubrí mi pasión por el lenguaje corporal y la persuasión)

Pero bueno, el caso es que por allá por el año de 1999, prácticamente me volví profesional de un juego llamado Unreal Tournament.

No te voy a aburrir con su mecánica, aunque es bastante sencilla: “Si se mueve, le disparas; si te disparan, corres”.

No sé cuántas horas le dediqué, ni tampoco creo que me agrade sacar esa cuenta… lo que sí sé es que tenías 9 o 10 armas que podías escoger, cada una mejor que la otra.

Algunas lanzaban escandalosos cohetes, otros láseres certeros.

Por supuesto que tenía mi arma favorita… y mi arma menos favorita, de la cual quiero hablarte.

Así como cuando te escogen de último para el grupo de fútbol en el colegio, yo prefería correr antes de usar esta cosa.

Se llamaba el ‘Biorifle’, y su única gloria era disparar trozos de gelatina verde que explotaban al contacto.

Repito: Una pistola de gelatina verde.

Para colmo de males, la gelatina volaba en un arco de circunferencia, era tremendamente lenta y de un alcance mediocre.

No podía ser peor.

Por otra parte, yo estaba decidido a convertirme en un absoluto experto en ese juego (Es quizá mi actitud cuando me enfrento a casi cualquier cosa que hago), así que… tenía que dominar cada arma a la perfección.

Incluyendo el Biorifle.

Así que un día decidí que en vez de huirle o ignorarlo, iba a buscarlo a propósito.

Durante varias semanas, literalmente no hice más que forrar de gelatina verde las paredes de esas mazmorras virtuales.

¿Qué pasó al final?

El Biorifle llegó a convertirse en – redoble de tambor – mi arma favorita.

En pocas palabras, el problema no fueron las limitaciones del arma, sino mi falta de disposición.

(Después volví a usar las armas más potentes… pero el Biorifle más nunca fue una debilidad)

Ya perdí la cuenta de los años que han pasado desde la última vez que disparé gelatina verde, pero la lección me ha quedado desde entonces.

———

Con frecuencia nos enfrentamos a situaciones que sentimos como un peso en el alma; algunos ejemplos son…

  • Ese grupo de trabajo / proyecto que parece que no va a ningún lado
  • Esa disciplina que nos empeñamos en decir “No sirvo ni nací para esto”
  • Una circunstancia que sientes como una carga.

Tengo una noticia mala y una buena.

La mala es que esas situaciones no van a desaparecer. De hecho, o bien se van a perpetuar, o multiplicar, o mutar.

Siempre van a estar allí.

¿La noticia buena? La extrema capacidad de tu mente para adaptarse.

Si la dejas hacer su magia, claro está.

Ése sería el resumen más rápido posible del libro “El obstáculo es el camino”, de Ryan Holiday.

Quizá, solo quizá… el peñasco que parece un obstáculo es más bien un punto de apoyo sobre el cual te puedes subir y poder ver más lejos.

Aquí es donde las cosas se complican.

Porque no puedo ver *tu* situación (A menos claro, que me escribas y me la comentes, siempre estoy dispuesto a leerte).

Pero nunca está de más que te obligues a ti mismo a hacerte esta pregunta, algo absurda:

“¿Existe la posibilidad… de que esta molestia / problema / obstáculo esconda una ventaja que no estoy viendo?”

Ojo.

Lee con atención esto:

No me refiero a que “Todo reto nos hace más fuertes”.

NO me refiero a eso.

Me refiero a si, literalmente, existe una ventaja que se estará escapando.

Algo que no estás viendo.

Coño, es algo que me desespera pues me gustaría ser más concreto pero solo tú puedes aplicar mi experiencia a la tuya.

No será fácil (Si fuese fácil, ya se te habría ocurrido)

Puede que se te ocurra en un par de días, o un par de semanas.

Pero considera esa posibilidad.

¿Sabes? Este tipo de aproximaciones me encantan. Es como resolver un acertijo personal, que nadie más sino tú conoces, y de un momento a otro logras resolver.

El esfuerzo bien vale la pena; es una sensación indescriptible.

¿Quieres ser parte de mi equipo y ayudarme a inspirar a otros?

Aún tienes la oportunidad de ser parte de mi Círculo de Conferencistas, antes de que cambie la inversión el 1 de enero: https://knesix.com/conferencistas

Combinarás tu experiencia profesional, con mis conocimientos en lenguaje corporal y persuasión.

¿Aceptas el reto?

Cualquier pregunta que tengas, solo tienes que escribirme.

Te espero en el campus virtual,

Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.

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