Las cosas que verdaderamente valen la pena en la vida toman tiempo y requieren de pensamiento a largo plazo.

Por eso, al no tener resultados rápidos despertarás el escepticismo ajeno, como le pasó a Gustav Kirchhoff:

El físico alemán Gustav Kirchhoff se destacó en varias áreas, incluyendo los circuitos eléctricos y la intersección entre matemáticas y física.

Pero uno de sus aportes más relevantes fue el análisis espectral:

El poder determinar los componentes de una sustancia, al calentarla.

Como todo científico casi-loco, apenas descubrió que podía descifrar la composición de un objeto a distancia, apuntó su mira a lo más brutal que encontró:

El Sol.

El poder determinar su composición, marcó una nueva era para la Astronomía.

Pero su banquero tenía serias dudas.

— ¡Pero, Gustav! ¿De qué te sirve que haya oro en el sol, si no puedes traerlo a la tierra?

Meses después, su descubrimiento fue reconocido internacionalmente y le otorgaron una medalla y un premio en monedas de oro.

— Aquí tienes el oro del sol —dijo, entregándole las monedas.

Por supuesto que como todo científico, el afán de Gustav no era la recompensa en metálico.

Era la sensación de descubrimiento; de ampliar los límites de lo conocido.

Para profesiones más pragmáticas como el banquero, ese tipo de empresas son una locura.

Volvamos al presente.

En el caos actual es difícil encontrar una razón para pensar a largo plazo.

Todo el mundo quiere gratificación instantánea; mientras más rápido y menos esfuerzo, mejor.

Pero no funciona así, y mucho menos si no paramos a evaluar por qué hacemos lo que hacemos todos los días.

Disciplinas como el Arte, la Filosofía y el Pensamiento en general parecen alimentar la incertidumbre.

Ser más ‘pragmático’ pareciera que es la moda actual; ir directo a lo que nos asegurará resultados.

Pero en realidad, la incertidumbre lo permea todo.

¿Entonces, qué hacemos?

Así como cada cuerpo celeste tiene una ‘mezcla’ propia y Kirchhoff nos ayudó a identificarlas,

…exactamente así tenemos que ‘analizar’ nuestra propia mezcla. Una fórmula muy apropiada es el famoso Ikigai japonés.

El problema surge al intentar autoevaluarte sin juzgarte.

No has escrito ni tres de tus cualidades, cuando ya te asaltan las dudas:

“Esto no le importa a nadie”
“¿Y habrá mercado para esto?”
“Mejor sigo haciendo lo de siempre”

Duele, pero tienes que encontrar tu ‘locura’, tu mezcla única, que está esperando para expresarse.

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Jesús Enrique Rosas – Director- Knesix Institute

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