Somos seres sociales por naturaleza; pero a veces, es necesario conectar a un nivel realmente íntimo.

Te lo ilustro con la anécdota de George Frideric Handel, cuando reservó para dos en una taberna local:

En el siglo XVIII no existía Glovo, así que seguramente mandó un criado a hacer la reserva para la noche.

En la taberna tomaron nota y comenzaron a marchar la cena. Aunque en la Inglaterra de aquella época se acostumbraba cenar ligero, seguramente incluirían algo caliente.

A la hora acordada, Handel cruzaba el dintel de la entrada, solo. Le atendieron de inmediato y lo sentaron en una mesa con una ventana que daba a la calle.

Al ver que no venía nadie con él, el dueño del establecimiento se preocupó, y se le acercó.

— Disculpe, Sr. Handel…

— Oh, ¡Hola, Sr. Baker! ¿Cómo se encuentra usted?

— ¡Ah! bien, muy bien… pero creo que hemos cometido un error. Hemos entendido que pidió cena para usted y un acompañante.

— No hay ningún error —respondió Handel, sin soltar la sonrisa. —Yo soy mi propio acompañante.

El Sr. Baker se quedó medio perplejo, pero de inmediato ordenó que comenzaran la servir la cena para dos…

…que Handel se comió en su totalidad, él solo.

(En todas las fotos que he visto de Handel, se nota que no tenía reparos en disfrutar de una buena cena, incluso doble)

Pero más allá de parecer que estoy haciendo una apología de la gula con esta historia, quiero centrarme en la “compañía” del famoso músico.

A veces puede resultar raro e incluso excéntrico realizar algunas actividades en solitario: asistir a un museo, ir al cine, salir a cenar.

Si bien lo usual es que esas actividades se realicen en pareja o grupo, la primera “compañía” que tienes que considerar es muy parecida a la de Handel.

Es raro decirlo, pero tú mismo eres tu primera (e idealmente mejor) compañía.

Mi pregunta es, ¿Te cuesta pasar tiempo a solas?

Así como puede que Handel le haya puesto más condimento a los vegetales para poder comérselos, algunas personas necesitan estar acompañadas porque no se soportan a sí mismas.

Puede ser un miedo irracional a quedarse solas, o a enfrentarse a algo de sí mismas que no les gusta.

El tip de hoy sirve no solo para esas personas: en realidad, nos sirve a todos.

No dejar nunca de prestar atención al *por qué* nos sentimos de tal o cual manera.

Es algo a lo que si le damos largas, empeora; y debemos hacerlo constantemente, como los Baobabs de El Principito.

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Jesús Enrique Rosas

Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.