En estos tiempos, pareciera que todo el mundo quiere tener la razón.

(Y ni siquiera se han leído el libro de Schopenhauer al respecto).

Recordemos la vez que Thomas Paine tuvo que lidiar con más de un fanático religioso:

Paine había publicado “La Edad de la Razón”, en la que exponía sus creencias Deístas.

(En el Deísmo, Dios es responsable por la creación original del universo… pero no puede intervenir en lo que le ocurre).

Por supuesto, un montón de teólogos de la época querían debatir eso.

El escritor se encontraba en Baltimore, cuando un ministro de la Iglesia Swedenborgiana lo reconoció en plena calle.

El clérigo salió corriendo para interceptarlo y presentarse.

—¡Señor Paine! ¡Soy ministro de la Nueva Iglesia de Jerusalén aquí, y quiero hablar con usted!

Paine no tuvo que decir nada. El otro siguió:

— Nosotros hemos encontrado el VERDADERO significado de las escrituras… ¡Una llave que ha estado perdida por cuatro mil años!

Paine se le quedó viendo, y con toda su flema inglesa, respondió:

— Debe estar bien oxidada, entonces.

— — —

Para el escritor británico fue el pan de cada día por varios años.

(Se dio cuenta que era inútil discutir con fanáticos… así que simplemente respondía con una mezcla de humor negro y sarcasmo)

Puede que tú no estés dispuesto a responder así, pero sí puedes aplicar su táctica:

No enfrentes a la persona.

Mucho menos, a su creencia.

Recuerda que un fanático está *absolutamente* convencido de lo que cree, así que intentar hacerle cambiar de opinión sería desperdiciar tu energía.

Es mejor usar la herramienta persuasiva de desviar el ataque conceptual.

Muchos cometen un error garrafal al enfrentarse a un fanático:

Muestran irrespeto, como si [su creencia] fuese superior a [la de ellos].

Solo te estarías comportando igual.

¿Quieres saber cómo comienza la persuasión en estos casos?

Es fácil: demuestra respeto a lo que creen.

Paine no irrespetó la creencia del clérigo; solo usó el recurso del humor para suavizar la conversación.

(También era una época en la que la gente no se ofendía con tanta facilidad como ahora)

Solo acostúmbrate a ver a las personas, y sus creencias, como dos entes separados.

Seguramente conoces bien lo frustrante que puede ser tratar de cambiar la opinión de alguien.

Y ni siquiera estamos hablando de religión o política; incluso en el ámbito laboral, puede que te toque tener que cooperar con gente… obtusa.

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Jesús Enrique Rosas
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